La lluvia hacía de la mañana un
lugar ideal para los nostálgicos. Las gotas impactaban y penetraban el asfalto
de modo que esa rigidez de la superficie se veía más endeble. Cuando llegamos a
Cuenca, la ciudad ya estaba sumergida en su clásica rutina. Para describir lo
que nos pasó con esta porción de mundo, es necesario hacer la analogía con un
rayo que, desprendido de los ojos de un Dios (de los tantos que hay) golpea de
forma certera en el corazón del unicornio, quién recibe ese regalo y se hecha a
volar. Desde el primer momento notamos que la ciudad tenía el as de corazones
bajo la manga.
Este lugar llamado Cuenca se
encuentra ubicado a 2.250 msnm, por lo que representaba volver a visitar una
“Ciudad de altura” y este mote se le ajusta a la perfección a su figura. Aprovechamos
el desayuno para comunicarnos con Cati (nuestra primera couch), con quién nos
encontramos al mediodía. Como rito de bienvenida, fuimos a comer a un
restaurante ambientado por un viajero.
Lugar de bienvenida
Más tarde fuimos a una charla
política en una facultad. Ecuador es un país que vive a flor de piel la
“cuestión política”. En la casa de Cati, no solo vive ella, sino que también
otros tres chicos, entre ellos Jenny, una colombiana divertida y muy humana.
Con ella y Kleber (su novio) fuimos a la comunidad de Rumipamba, una de las
tantas que sufre el acecho de una mina para extraer oro y otros recursos del
suelo. Junto con Dámaris, ayudamos a Jenny y su novio a recoger firmas en
manifiesto al rechazo a la extracción de oro y contaminación del agua y de la
tierra por parte de estas inescrupulosas empresas mineras. Fuimos un domingo y
en el pueblo había una fiesta, de la cual nos tomaron como parte. Nos dieron un
almuerzo que, pensamos, ya no íbamos a comer: cuy. Así es, comimos cuy
acompañado del riquísimo mote. También nos convidaron con canelazo, que es una
bebida tradicional de la sierra ecuatoriana y se prepara hirviendo agua con
canela y azúcar o panela, luego se le agrega aguardiente.
Niños jugando en la fiesta de la comunidad
Cuyes listos para servir
Les encintan una especie de
gancho en las patas, los enfrentan para que conozcan a su rival y comiencen a
tomarse bronca. Ellos aprovechan para darse los primeros picotazos. Luego los
sueltan al círculo, quizá, el último pedazo de tierra que pisen (al menos uno
de los dos). Y así comienza la riña de gallos. Ellos debatiéndose quién es el
más fuerte y la gente observando a su alrededor. Si había algo que no me
hubiera imaginado es ver una riña de gallos. Es un evento habitual (desde
tiempos bastantes lejanos) en muchos pueblos y comunidades de Ecuador y otros
países. García Márquez no le era esquivo a estos temas, de modo que son
recurrentes en sus novelas. Dámaris llegó a captar uno de los momentos de la
pelea, pero rápidamente tuvo que esconder la cámara para evitar que unas
treinta almas se le vengan encima como gallos enceguecidos.
Foto tomada clandestinamente
El Parque Calderón (Plaza
central) divide y enfrenta a las dos Catedrales de la ciudad: la Nueva y la
Vieja. La primera, es la Iglesia Catedral de la Inmaculada Concepción. El
estilo renacentista está representado principalmente por las tres grandes
cúpulas cubiertas con azulejos de Checoslovaquia, mientras que el piso está
cubierto con mármoles rosas, importados de Carrara (Italia). Las torres están
truncadas a causa de un error de cálculo del arquitecto. De haberse concluido,
la construcción de esta iglesia dedicada a la gloria de la Inmaculada
Concepción no habría podido resistir el peso. Por este particular motivo, no
pudieron colocarle las clásicas campanas. Luego de subir 155 escalones llegamos
a la parte superior de la Catedral. De ahí pudimos observar la Ciudad de Cuenca
y las tres enormes cúpulas de la Inmaculada Concepción. La segunda, es la Iglesia
El Sagrario y fue una de las primeras construidas en Cuenca. Piedras labradas
traídas de las ruinas de la incásica Tomebamba, sirvieron para los cimientos y
las bases de sus muros. El estilo en conjunto, visto desde el exterior,
evidencia una arquitectura ecléctica remodelada, en la que confluyen rasgos
barrocos en la torre principal y el tratamiento de las naves, así como
neoclásico en la fachada sur.
Las tres cúpulas de la Nueva Catedral
Vieja Catedral
Conocimos las ruinas de
Pumapungo, que en quichua significa: Puerta del puma. Este animal fue muy
representativo para las antiguas culturas. En este lugar no solo se encuentran
las ruinas, sino también hay plantaciones de diversas frutas, verduras, flores
y árboles. En su interior se encontraban el
Templo del Sol y el convento de las Vírgenes del Sol, que fueron parte
de una de las urbes más imponentes y hermosas del antiguo imperio incaico,
Tomebamba que contaba con edificaciones dedicadas al uso político,
administrativo y religioso.
Parque y vista de la ciudad
En las terrazas
Nos quedamos tres noches en la
casa de Cati y, como no pensábamos irnos tan rápido de Cuenca, fuimos dos
noches a un hostel y luego nos contactamos con Jhonny. Y es el único momento
que lo voy a nombrar como couch, ya que se convirtió en un gran amigo de ambos.
Jhonny es servicial, agradable, atento y curioso. Una excelente persona al
igual que Luci, su mamá. Desde el primer momento nos tomaron como su familia.
En la casa de Jhonny y Luci estuvimos nueve noches. Así es, nueve. Compartimos
incontables momentos. Fuimos al cine, vimos películas en su casa, fuimos a
museos, paseos por la ciudad, cafés (muchos), partidas de UNO, desayunos
riquísimos que nos dejaba preparados Luci y cenas (algunas preparadas por
Dámaris y por mí). Intercambiamos videos humorísticos de nuestros países y les
dimos unos exquisitos mates. Jhonny nos llevó a conocer la playa del, por más
contradictorio que parezca su nombre, Bajo Alto (la marea baja y sube en cuestión
de horas). No pudimos (tampoco intentamos) resistirnos al paseo en la banana
(tres veces de cabeza al agua).
Plaza de las flores
También compartimos un paseo por
Baños de Azuay, recorriendo parte del volcán, la antigua iglesia y algunas
termas. Nos encomendamos en la tarea de iniciar a nuestro amigo Jhonny en el
ritual del mate, pero unas nubes caprichosas nos aguaron a nosotros. Corrimos
por el volcán hasta llegar a un reparo y una curiosa mancha en una piedra nos
llamó la atención pero lo tomamos como un guiño de ojo de que marchamos por
buen camino. El primer mate en la vida de Jhonny fue tibio y amargo. Tranquilo/a
lector/a, luego en su casa (ya sin nubes amenazantes ni volcanes) nos
reivindicamos con unos “señores” mates.
Iglesia de Baños de Azuay
Latinoamérica en una roca?
Durante algunos días, Cuenca se
vistió de golosa, por la fiesta del Corpus Cristi. Una gran cantidad de puestos
repletos de dulces costearon el Parque Calderón. Los fuegos artificiales no
faltaron a la ocasión. Dámaris se encaprichó con el dulce de guayaba, al punto
de que, si pasaba un día sin comerlo, los ojos se le salían de su órbita. Con
respecto a mí, el bombón de chocolate relleno de manjar (dulce de leche) tomaba
la delantera.
Dulces frente a la Vieja Catedral
Luego de varios intentos fallidos
de visitar el Parque Nacional El Cajas (sí, teníamos que madrugar para ir), un
día nos armamos de valentía y fuimos. El Cajas se encuentra aproximadamente a
4.000 msnm y tiene una superficie de 28.800 hectáreas. Realmente es muy grande.
Hicimos un recorrido que nos llevó cinco horas de caminata. Bordeamos lagunas,
atravesamos un bosque, nos embarramos y Dámaris se cayó de cola al piso. Nos
cruzamos con llamas y conejos. Volvimos bastante cansados, ya que en el camino
que elegimos predominaba la subida.
Estirando el paisaje
Cuenca es una ciudad con un alto
contenido cultural. Ese fue uno de los factores que, desde que llegamos, nos
atrapó rotundamente. Sus paredes están repletas de graffitis, murales y frases
que, en algunos casos, mezclan el humor, el absurdo y la protesta (por ejemplo:
“Yo mate a Satanás”, “Vives de agua, mueres por oro”, “Caminante de ojos
abiertos… la reforestación crece en las paredes”, “Ya sea tapadas o solas, me
sudan las bolas”, “Destapemos la memoria”, “¡Saquen sus rosarios de nuestros
ovarios!”). Hay muestras de pinturas por muchos lugares. De repente, un pintor
debajo del Puente Roto, inmortalizando alguna calle con sus particulares casas.
Cafés con distintas temáticas, a los que nos era imposible resistirnos a entrar.
Sumado a todo esto, la mayoría de los museos y espacios históricos son
gratuitos, con el fin de que todos tengan la posibilidad de acceder, la
oportunidad del conocimiento. Entre los platos típicos que probamos, sumados al
cuy y mote de Rumipamba, podemos mencionar el hornado (cerdo cocinado en horno
de arcilla) que lo comimos en el mercado municipal, también el mote pillo, el
maduro con queso y las empanadas de aire que los degustamos en Baños de Azuay. El
jugo de tomate de árbol era un buen complemento para el desayuno. Un dato curioso es que, cerca del
40 % de la población no es local, sino extranjera. Definitivamente, Cuenca es
un buen lugar para vivir.
En el Prohibido Centro Cultural
Sillón Prohibido
Hornado en el mercado municipal
En el museo del sombrero
Elemento de trabajo
























