Implícitamente había quedado prohibido recorrer otras ruinas en "modo tour". Así es que, las ruinas de Maras Moray y Chinchero (en la hermosa Cusco), nos esperaban de cualquier manera, menos en un "tour relámpago".
Salimos temprano hacia el paradero (parada) de buses. Primero, Maras Moray. En el bus "pegamos" buena onda con una pareja peruana que llevaba una caja repleta de cuyes (animales, si se quiere, domésticos en nuestro país). El muchacho estaba muy interesado en nuestros pareceres, en nuestras opiniones argentinas hacia con el Perú. Nos preguntó si veíamos a Perú como un país primitivo. Claro que le contestamos que no. Distinto a nuestro país, tal vez. Primitivo, de ninguna manera. Nos preguntó, también, acerca de nuestras comidas típicas, nuestra política y economía. Quería saber, conocer de Argentina. Nos dijo que tenemos que probar la carne de cuy. Aún no nos animamos.
Nos bajamos en la ruta, a 4 kilómetros del pueblo de Maras. Consultamos por las ruinas de Moray y nos ofrecieron llevarnos en taxi hasta allí (unos 14 kms) por 20 soles (100 pesos argentinos). Dámaris, literalmente, se puso como loca (más tarde le dije que no reaccione así, ya que nosotros, de alguna manera tenemos que tratar de negociar). Resultado: a caminar por la ruta, al menos, hasta llegar al pueblo de Maras.
Hacia el pueblo de Maras
A poco más de la mitad del camino (ruta), paró una moto con una especie de "caja" (en la parte de atrás) para transportar animales, productos y, por qué no, personas. La propuesta era llevarnos a las ruinas de Moray por 15 soles. Nos plantamos en 13. Resultado: a seguir caminando por la ruta. Pero, a unos 100 metros, la moto "vestida" de camioneta, se detuvo y nos hicieron seña para que nos acerquemos. Nos acercamos.
-Suban! -nos dijeron.
-Por 13 soles los dos? -preguntamos como para confirmar.
-Sí, sí! -contestaron.
Subimos a la parte de la "caja". Charlamos con la esposa del conductor, quién también viajaba ahí. Llevaba, como no podía ser de otra forma, cuyes (en una bolsa). Nos contó que demoraba cerca de 4 meses en criarlos, pero que a esos los estaba llevando directo a la guillotina. La mujer, su hijo de unos 8 años y los cuyes se bajaron en el pueblo de Maras, en cambio, nuestro destino era las ruinas de Moray (unos 10 kms más adelante). El trayecto hacia estas ruinas fue realmente increíble, El viento impactando, sin intermediarios, contra nuestras caras. Nuestras caras, absortas por el paisaje que iba desprendiendo esa ruta. Los turistas (en sus respectivos tours) en los buses, sonriéndonos y sacándonos fotografías. Éramos un espectáculo. La "caja", cada tanto, se asomaba al precipicio, a lo que ambos nos sujetábamos de un fierro como pulga que se niega a dejar lomo de perro. Hasta los "pequeños" que iban o volvían de sus escuelas se divertían viéndonos ahí, siendo transportados como animalitos. El camino, siempre en subida. La moto, en algunas pendientes hacia un esfuerzo extra como para no sucumbir.
Cuatro pies en la "caja"
Y llegamos a las ruinas, retratados quién sabe por cuántas cámaras fotográficas. Llegamos y las nubes no perdonaron. Nos refugiamos debajo de un techo. Pero las ganas, que boicotearon a los cuatro costados cautos, hicieron que salgamos a recorrer esas impactantes ruinas circulares.
Moray es un sistema de andenes construidos en formas circulares aprovechando los hundimientos naturales de la zona. Son terrazas de cultivo que tienen microclimas creados, con fines experimentales, como la domesticación, aclimatación, hibridación y, en general, la experimentación con plantas. Además, se cultivaban variadas clases de papas (Perú es el país en el cual se cultiva la mayor variedad de clases de papas).
Ruinas de Moray
Almorzamos, sándwiches de jamón, en uno de los refugios de las ruinas. Terminando el gran banquete, llegó una pareja (por cierto, muy divertida) de brasileros: Weider y Tainán. Con ellos nos fuimos, en taxi, hacia la ruta donde esperamos el bus para ir hacia las otras ruinas, las de Chinchero. Ahí fue que nos bajamos y, como caminábamos a distinto ritmo, ahí mismo nos perdimos de la pareja de brasileros.
En Chinchero, antes de llegar a las ruinas, hay que subir unas dos cuadras por una pendiente no tan pronunciada. A los costados, las casas y comercios. Se llega a la iglesia, la cual fue construida en la época colonial sobre la base de templos incas. La iglesia se ve tal cual es, antigua. Al ingresar, un aire un tanto más frío y denso golpea de forma leve pero constante. San Sebastián, el "Mata Moros", también dentro de la iglesia, hace de su oficio un arte. Los techos, aún con pinturas de aquella época colonial.
Chinchero representaba una zona agrícola muy importante para los incas (pertenece al Valle Sagrado) En sus terrazas cultivaban diversas plantas (en algunas, aún hoy día se cultiva).
Mano de Dámaris con trigo
Nos volvimos a Cusco (Ciudad) con la satisfacción de haber conocido y recorrido estos lugares por cuenta propia y no por medio de algún "tour relámpago".
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