miércoles, 24 de junio de 2015

Un lugar llamado Cuenca

La lluvia hacía de la mañana un lugar ideal para los nostálgicos. Las gotas impactaban y penetraban el asfalto de modo que esa rigidez de la superficie se veía más endeble. Cuando llegamos a Cuenca, la ciudad ya estaba sumergida en su clásica rutina. Para describir lo que nos pasó con esta porción de mundo, es necesario hacer la analogía con un rayo que, desprendido de los ojos de un Dios (de los tantos que hay) golpea de forma certera en el corazón del unicornio, quién recibe ese regalo y se hecha a volar. Desde el primer momento notamos que la ciudad tenía el as de corazones bajo la manga.

Este lugar llamado Cuenca se encuentra ubicado a 2.250 msnm, por lo que representaba volver a visitar una “Ciudad de altura” y este mote se le ajusta a la perfección a su figura. Aprovechamos el desayuno para comunicarnos con Cati (nuestra primera couch), con quién nos encontramos al mediodía. Como rito de bienvenida, fuimos a comer a un restaurante ambientado por un viajero.


                                                                                 Lugar de bienvenida


Más tarde fuimos a una charla política en una facultad. Ecuador es un país que vive a flor de piel la “cuestión política”. En la casa de Cati, no solo vive ella, sino que también otros tres chicos, entre ellos Jenny, una colombiana divertida y muy humana. Con ella y Kleber (su novio) fuimos a la comunidad de Rumipamba, una de las tantas que sufre el acecho de una mina para extraer oro y otros recursos del suelo. Junto con Dámaris, ayudamos a Jenny y su novio a recoger firmas en manifiesto al rechazo a la extracción de oro y contaminación del agua y de la tierra por parte de estas inescrupulosas empresas mineras. Fuimos un domingo y en el pueblo había una fiesta, de la cual nos tomaron como parte. Nos dieron un almuerzo que, pensamos, ya no íbamos a comer: cuy. Así es, comimos cuy acompañado del riquísimo mote. También nos convidaron con canelazo, que es una bebida tradicional de la sierra ecuatoriana y se prepara hirviendo agua con canela y azúcar o panela, luego se le agrega aguardiente.


                                                                            Iglesia de Rumipamba


                                                              Niños jugando en la fiesta de la comunidad


                                                                             Cuyes listos para servir


Les encintan una especie de gancho en las patas, los enfrentan para que conozcan a su rival y comiencen a tomarse bronca. Ellos aprovechan para darse los primeros picotazos. Luego los sueltan al círculo, quizá, el último pedazo de tierra que pisen (al menos uno de los dos). Y así comienza la riña de gallos. Ellos debatiéndose quién es el más fuerte y la gente observando a su alrededor. Si había algo que no me hubiera imaginado es ver una riña de gallos. Es un evento habitual (desde tiempos bastantes lejanos) en muchos pueblos y comunidades de Ecuador y otros países. García Márquez no le era esquivo a estos temas, de modo que son recurrentes en sus novelas. Dámaris llegó a captar uno de los momentos de la pelea, pero rápidamente tuvo que esconder la cámara para evitar que unas treinta almas se le vengan encima como gallos enceguecidos.


                                                                            Foto tomada clandestinamente


El Parque Calderón (Plaza central) divide y enfrenta a las dos Catedrales de la ciudad: la Nueva y la Vieja. La primera, es la Iglesia Catedral de la Inmaculada Concepción. El estilo renacentista está representado principalmente por las tres grandes cúpulas cubiertas con azulejos de Checoslovaquia, mientras que el piso está cubierto con mármoles rosas, importados de Carrara (Italia). Las torres están truncadas a causa de un error de cálculo del arquitecto. De haberse concluido, la construcción de esta iglesia dedicada a la gloria de la Inmaculada Concepción no habría podido resistir el peso. Por este particular motivo, no pudieron colocarle las clásicas campanas. Luego de subir 155 escalones llegamos a la parte superior de la Catedral. De ahí pudimos observar la Ciudad de Cuenca y las tres enormes cúpulas de la Inmaculada Concepción. La segunda, es la Iglesia El Sagrario y fue una de las primeras construidas en Cuenca. Piedras labradas traídas de las ruinas de la incásica Tomebamba, sirvieron para los cimientos y las bases de sus muros. El estilo en conjunto, visto desde el exterior, evidencia una arquitectura ecléctica remodelada, en la que confluyen rasgos barrocos en la torre principal y el tratamiento de las naves, así como neoclásico en la fachada sur.


                                                   Nueva Catedral fotografiada desde el Parque Calderón


                                                                    Las tres cúpulas de la Nueva Catedral


                                                                                      Vieja Catedral


Conocimos las ruinas de Pumapungo, que en quichua significa: Puerta del puma. Este animal fue muy representativo para las antiguas culturas. En este lugar no solo se encuentran las ruinas, sino también hay plantaciones de diversas frutas, verduras, flores y árboles. En su interior se encontraban el  Templo del Sol y el convento de las Vírgenes del Sol, que fueron parte de una de las urbes más imponentes y hermosas del antiguo imperio incaico, Tomebamba que contaba con edificaciones dedicadas al uso político, administrativo y religioso.


                                                                                   Ruinas del Pumapungo


                                                                              Parque y vista de la ciudad


                                                                                      En las terrazas


Nos quedamos tres noches en la casa de Cati y, como no pensábamos irnos tan rápido de Cuenca, fuimos dos noches a un hostel y luego nos contactamos con Jhonny. Y es el único momento que lo voy a nombrar como couch, ya que se convirtió en un gran amigo de ambos. Jhonny es servicial, agradable, atento y curioso. Una excelente persona al igual que Luci, su mamá. Desde el primer momento nos tomaron como su familia. En la casa de Jhonny y Luci estuvimos nueve noches. Así es, nueve. Compartimos incontables momentos. Fuimos al cine, vimos películas en su casa, fuimos a museos, paseos por la ciudad, cafés (muchos), partidas de UNO, desayunos riquísimos que nos dejaba preparados Luci y cenas (algunas preparadas por Dámaris y por mí). Intercambiamos videos humorísticos de nuestros países y les dimos unos exquisitos mates. Jhonny nos llevó a conocer la playa del, por más contradictorio que parezca su nombre, Bajo Alto (la marea baja y sube en cuestión de horas). No pudimos (tampoco intentamos) resistirnos al paseo en la banana (tres veces de cabeza al agua).


                                                                                   En Baños de Azuay


                                                                                      Plaza de las flores


También compartimos un paseo por Baños de Azuay, recorriendo parte del volcán, la antigua iglesia y algunas termas. Nos encomendamos en la tarea de iniciar a nuestro amigo Jhonny en el ritual del mate, pero unas nubes caprichosas nos aguaron a nosotros. Corrimos por el volcán hasta llegar a un reparo y una curiosa mancha en una piedra nos llamó la atención pero lo tomamos como un guiño de ojo de que marchamos por buen camino. El primer mate en la vida de Jhonny fue tibio y amargo. Tranquilo/a lector/a, luego en su casa (ya sin nubes amenazantes ni volcanes) nos reivindicamos con unos “señores” mates.


                                                                                 En un hueco del volcán


                                                                         Iglesia de Baños de Azuay


                                                                    Latinoamérica en una roca?                                                           

Durante algunos días, Cuenca se vistió de golosa, por la fiesta del Corpus Cristi. Una gran cantidad de puestos repletos de dulces costearon el Parque Calderón. Los fuegos artificiales no faltaron a la ocasión. Dámaris se encaprichó con el dulce de guayaba, al punto de que, si pasaba un día sin comerlo, los ojos se le salían de su órbita. Con respecto a mí, el bombón de chocolate relleno de manjar (dulce de leche) tomaba la delantera.


                                                               Dulces frente a la Vieja Catedral


Luego de varios intentos fallidos de visitar el Parque Nacional El Cajas (sí, teníamos que madrugar para ir), un día nos armamos de valentía y fuimos. El Cajas se encuentra aproximadamente a 4.000 msnm y tiene una superficie de 28.800 hectáreas. Realmente es muy grande. Hicimos un recorrido que nos llevó cinco horas de caminata. Bordeamos lagunas, atravesamos un bosque, nos embarramos y Dámaris se cayó de cola al piso. Nos cruzamos con llamas y conejos. Volvimos bastante cansados, ya que en el camino que elegimos predominaba la subida.


                                                                                        Beso en El Cajas


                                                                                        Estirando el paisaje


Cuenca es una ciudad con un alto contenido cultural. Ese fue uno de los factores que, desde que llegamos, nos atrapó rotundamente. Sus paredes están repletas de graffitis, murales y frases que, en algunos casos, mezclan el humor, el absurdo y la protesta (por ejemplo: “Yo mate a Satanás”, “Vives de agua, mueres por oro”, “Caminante de ojos abiertos… la reforestación crece en las paredes”, “Ya sea tapadas o solas, me sudan las bolas”, “Destapemos la memoria”, “¡Saquen sus rosarios de nuestros ovarios!”). Hay muestras de pinturas por muchos lugares. De repente, un pintor debajo del Puente Roto, inmortalizando alguna calle con sus particulares casas. Cafés con distintas temáticas, a los que nos era imposible resistirnos a entrar. Sumado a todo esto, la mayoría de los museos y espacios históricos son gratuitos, con el fin de que todos tengan la posibilidad de acceder, la oportunidad del conocimiento. Entre los platos típicos que probamos, sumados al cuy y mote de Rumipamba, podemos mencionar el hornado (cerdo cocinado en horno de arcilla) que lo comimos en el mercado municipal, también el mote pillo, el maduro con queso y las empanadas de aire que los degustamos en Baños de Azuay. El jugo de tomate de árbol era un buen complemento para el desayuno. Un dato curioso es que, cerca del 40 % de la población no es local, sino extranjera. Definitivamente, Cuenca es un buen lugar para vivir. 


                                                                                         Museo del sombrero


                                                                    En el Prohibido Centro Cultural


                                                                                                 Sillón Prohibido


                                                                          Hornado en el mercado municipal


                                                                          En el museo del sombrero


                                                                                           Elemento de trabajo







1 comentario:

  1. LUEGO DE UNA REPETIDA OCASIÓN PERO ESTA VEZ YA CON MAS CALMA, PUEDO RECONOCER QUE SU ANDAR POR LAS CALLES VIVAS DE ESTA PEQUEÑA Y GRAN CIUDAD CULTURAL FUE UNA GRACIA DIVINA, UN ARTICULO QUE ENCIERRA LOS SECRETOS QUE CONTRADICTORIA MENTE REPRESENTAN CUENCA, PERSONALMENTE SI NO FUERA PORQUE SIEMPRE HAY UN DETALLE CULTURAL Y LAS AMISTADES ESTA CIUDAD SERIA COMO CUALQUIER PUNTO GEOGRÁFICO DEL MAPA EN ECUADOR... PERO POR SUERTE NO, VIVO EN CUENCA MUCHOS AÑOS Y HAY QUIENES DICEN QUE YA SOY DE AQUÍ AUNQUE MI CÉDULA DICE LO CONTRARIO; VALE LA PENA CONOCER LA CIUDAD, Y SOBRE TODO CONOCER LA REPÚBLICA DEL ECUADOR.

    CHICOS MUCHAS FELICIDADES POR SU BLOG, SIGAN ADELANTE QUE LAS RUTAS NO LOS ATRAPEN EN LA VIDA COTIDIANA. UN ABRAZO Y BUENA VIBRA!!!!

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