lunes, 4 de mayo de 2015

La “Ciudad Blanca”, la “lucha desarmada” y como no lograr ser peruanos ni por un día!

El casco antiguo de Arequipa fue declarado por la Unesco en noviembre del año 2000 como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Llegamos a esta ciudad alrededor de las cuatro de la madrugada. Viajamos a la noche (o de noche), básicamente, por dos motivos: uno, para ahorrarnos pagar una noche de alojamiento y dos, porque la mayoría de los servicios de transporte, al menos en Puno (que fue desde donde partimos), los prestan en horario nocturno. Es cierto que no se descansa demasiado bien arriba de un bus, menos aún, si determinados factores se "visten" de preocupación (por ejemplo, notar que el bus circula con bastante rapidez). Llegamos de madrugada y nos acoplamos a tres chicos que habían parado en el mismo hostel que nosotros (en Puno). Los cinco fuimos, prácticamente sin debate mediante, al hostel Santa Catalina (que nos lo habían recomendado también en Puno). Por alguna cuestión que escapa a nuestra apreciación, en el hostel Santa Catalina, nos cobraron un precio diferente (menor) al de ellos (15 soles por persona a nosotros y 20 soles por persona a ellos). Quizá porque solemos regatear los valores que nos proponen. Quizá.

Como decía, no habíamos descansado para nada bien en el micro, así que ni bien nos dieron una habitación, nos duchamos y nos tiramos estilo “clavado olímpico” en la cama (nos quedamos “planchados” en cuestión de segundos). Cuando nos despertamos (unas cuatro horas después), como manda la religión, nos fuimos a recorrer algo del casco antiguo de la bellísima Arequipa, que también, es conocida como la “Ciudad Blanca”, porque predomina el uso de la piedra sillar (piedra porosa de lava volcánica) blanca en sus construcciones coloniales (iglesias, casas, conventos, templos, monasterios). Las casonas, casi siempre construidas con sillar, se caracterizan por sus arcos semi-circulares y sus techos en bóveda. Lo llamativo y, no menos espectacular que las fachadas de las iglesias, monasterios y conventos es que, el espacio urbano de las casonas penetra al interior de las manzanas por las aberturas de las enormes puertas y grandes corredores (o pasillos) y nos llevan hasta los patios internos. Las iglesias, conventos, monasterios y casonas junto con las calles y las plazas le dan un equilibrio en sí mismo a la Ciudad.


                                Parte del casco antiguo de Arequipa


Conocimos (ya en el segundo día) el mirador del distrito de Yanahuara, que si bien tiene una linda vista de la Ciudad, lejos está de la espectacularidad que desprendían otros miradores que conocimos (por ejemplo, el Killi Killi en la Ciudad de La Paz o el de la montaña de “La Horca del Inca” en Copacabana, Bolivia).


                                Mirador de Yanahuara


En el Mercado Municipal de Arequipa, puestos repletos de granos, frutas, verduras, carnes, artesanías, prendas y otros productos mezclan al ambiente de diversos aromas y colores. Cuando caminas por los pasillos, los vendedores te ofrecen a los gritos sus productos. Cada puesto parece un destino, en donde, uno es el pasajero que viaja distraído y se percata ante el grito del anunciante de paradas de que tiene que bajar.


                                Mercado Municipal


En el casco antiguo de Arequipa, cerca de la Plaza de Armas, se puede ver emergente, el famoso Monasterio (ciudadela) de Santa Catalina. Este ocupa un terreno de 20.000 metros cuadrados y un gran muro de 4 metros de altura aislaba la vida de las mujeres (monjas) que habitaban el Monasterio. No ingresamos ya que, para turistas, la entrada nos pareció excesivamente cara (40 soles). Los días domingos, para los residentes del Perú, el ingreso cuesta 10 soles, a lo que, Dámaris intentó ser peruana por un rato pero no hubo caso (pedían documento). Mi aspecto y más aún, mi tono o acento, me delataba como argentino de los pies a la cabeza (así me habían dicho) por lo que no intenté “ser peruano por un día”. Pero no queríamos dejar de conocer al menos un Monasterio de Arequipa, así que fuimos al de Santa Clara, el cual ingresamos (previa presentación de carnets de facultad) por 10 soles. La visita, con la ayuda de un guía, fue muy grata. Pensar en que las madres, al ser parte “elegida” del Monasterio, “clausuran” completamente sus vidas da, cuanto menos, escalofrío. Una vez que son elegidas ya no pueden renunciar, destinan sus vidas a su Dios, no pueden ver ni siquiera a sus familiares (solo se pueden comunicar por intermedio de puertas o ventanas). A lo mejor, y siempre a juicio personal, ellas no lo consideran como una vida de “clausura” sino, por el contrario, de apertura total hacia su Dios.


                                   No mentimos! La entrada al Monasterio Santa Catalina cuesta 40 soles!


Visitamos una casona colonial, la cual está destinada para albergar la colección entera de libros (algo así como la “escandalosa” suma de 30.000 ejemplares) del célebre escritor peruano (y premiado con el Nobel de Literatura en el año 2010) Mario Vargas Llosa. Su colección de libros, aún, está repartida por Inglaterra, España y Perú.


                     Una de las salas repleta de libros de Vargas Llosa


“Cuánto tienes, cuánto vales. Cuánto pagas, cuán inocente eres” repetía, en la Plaza de Armas de Arequipa, un ciudadano de Valle de Tambo. La gente de este lugar, que lleva a cabo una “lucha desarmada”, en contraposición a las armas que disparan los policías, está muriendo por defender sus tierras y sus aguas. La Compañía Southern Copper tiene un proyecto de explotación del cobre, el cual contamina las tierras y aguas de Valle de Tambo. Estuvimos en la manifestación, nos quedamos apoyándolos al menos un rato. Nos contaron la lucha que llevan a cabo (que data de cuatro años). Les contamos que en Argentina está sucediendo algo similar pero con las plantaciones de soja. La ecuación es sencilla: ganan las corporaciones, pierde (y muere) la gente. Saqueos que, a pesar de los años, Latinoamérica sigue padeciendo. La imagen de lucha y fuerza de las mujeres de Valle de Tambo quedó impregnada en nuestras cabezas, que contrasta rotundamente con la vida de clausura a la que se “someten” las monjas en los Monasterios. 


Valle de Tambo RESISTE!!


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