El casco antiguo de Arequipa fue declarado por la Unesco en noviembre
del año 2000 como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Llegamos a esta ciudad
alrededor de las cuatro de la madrugada. Viajamos a la noche (o de noche),
básicamente, por dos motivos: uno, para ahorrarnos pagar una noche de
alojamiento y dos, porque la mayoría de los servicios de transporte, al menos
en Puno (que fue desde donde partimos), los prestan en horario nocturno. Es
cierto que no se descansa demasiado bien arriba de un bus, menos aún, si
determinados factores se "visten" de preocupación (por ejemplo, notar que el
bus circula con bastante rapidez). Llegamos de madrugada y nos acoplamos a tres
chicos que habían parado en el mismo hostel que nosotros (en Puno). Los cinco
fuimos, prácticamente sin debate mediante, al hostel Santa Catalina (que nos lo
habían recomendado también en Puno). Por alguna cuestión que escapa a nuestra
apreciación, en el hostel Santa Catalina, nos cobraron un precio diferente
(menor) al de ellos (15 soles por persona a nosotros y 20 soles por persona a
ellos). Quizá porque solemos regatear los valores que nos proponen. Quizá.
Como decía, no habíamos descansado para nada bien en el micro, así que
ni bien nos dieron una habitación, nos duchamos y nos tiramos estilo “clavado
olímpico” en la cama (nos quedamos “planchados” en cuestión de segundos).
Cuando nos despertamos (unas cuatro horas después), como manda la religión, nos
fuimos a recorrer algo del casco antiguo de la bellísima Arequipa, que también,
es conocida como la “Ciudad Blanca”, porque predomina el uso de la piedra
sillar (piedra porosa de lava volcánica) blanca en sus construcciones
coloniales (iglesias, casas, conventos, templos, monasterios). Las casonas,
casi siempre construidas con sillar, se caracterizan por sus arcos
semi-circulares y sus techos en bóveda. Lo llamativo y, no menos espectacular
que las fachadas de las iglesias, monasterios y conventos es que, el espacio
urbano de las casonas penetra al interior de las manzanas por las aberturas de
las enormes puertas y grandes corredores (o pasillos) y nos llevan hasta los
patios internos. Las iglesias, conventos, monasterios y casonas junto con las
calles y las plazas le dan un equilibrio en sí mismo a la Ciudad.
Parte del casco antiguo de Arequipa
Conocimos (ya en el segundo día) el mirador del distrito de Yanahuara,
que si bien tiene una linda vista de la Ciudad, lejos está de la
espectacularidad que desprendían otros miradores que conocimos (por ejemplo, el
Killi Killi en la Ciudad de La Paz o el de la montaña de “La Horca del Inca” en
Copacabana, Bolivia).
Mirador de Yanahuara
En el Mercado Municipal de Arequipa, puestos repletos de granos,
frutas, verduras, carnes, artesanías, prendas y otros productos mezclan al ambiente de diversos aromas y colores. Cuando caminas por los pasillos, los
vendedores te ofrecen a los gritos sus productos. Cada puesto parece un
destino, en donde, uno es el pasajero que viaja distraído y se percata ante el
grito del anunciante de paradas de que tiene que bajar.
Mercado Municipal
En el casco antiguo de Arequipa, cerca de la Plaza de Armas, se puede
ver emergente, el famoso Monasterio (ciudadela) de Santa Catalina. Este ocupa
un terreno de 20.000 metros cuadrados y un gran muro de 4 metros de altura
aislaba la vida de las mujeres (monjas) que habitaban el Monasterio. No
ingresamos ya que, para turistas, la entrada nos pareció excesivamente cara (40
soles). Los días domingos, para los residentes del Perú, el ingreso cuesta 10
soles, a lo que, Dámaris intentó ser peruana por un rato pero no hubo caso
(pedían documento). Mi aspecto y más aún, mi tono o acento, me delataba como
argentino de los pies a la cabeza (así me habían dicho) por lo que no intenté
“ser peruano por un día”. Pero no queríamos dejar de conocer al menos un
Monasterio de Arequipa, así que fuimos al de Santa Clara, el cual ingresamos (previa
presentación de carnets de facultad) por 10 soles. La visita, con la ayuda de
un guía, fue muy grata. Pensar en que las madres, al ser parte “elegida” del
Monasterio, “clausuran” completamente sus vidas da, cuanto menos, escalofrío.
Una vez que son elegidas ya no pueden renunciar, destinan sus vidas a su Dios,
no pueden ver ni siquiera a sus familiares (solo se pueden comunicar por
intermedio de puertas o ventanas). A lo mejor, y siempre a juicio personal,
ellas no lo consideran como una vida de “clausura” sino, por el contrario, de
apertura total hacia su Dios.
No mentimos! La entrada al Monasterio Santa Catalina cuesta 40 soles!
Visitamos una casona colonial, la cual está destinada para albergar la
colección entera de libros (algo así como la “escandalosa” suma de 30.000
ejemplares) del célebre escritor peruano (y premiado con el Nobel de Literatura
en el año 2010) Mario Vargas Llosa. Su colección de libros, aún, está repartida
por Inglaterra, España y Perú.
Una de las salas repleta de libros de Vargas Llosa
“Cuánto tienes, cuánto vales. Cuánto pagas, cuán inocente eres”
repetía, en la Plaza de Armas de Arequipa, un ciudadano de Valle de Tambo. La
gente de este lugar, que lleva a cabo una “lucha desarmada”, en contraposición
a las armas que disparan los policías, está muriendo por defender sus tierras y
sus aguas. La Compañía Southern Copper tiene un proyecto de explotación del
cobre, el cual contamina las tierras y aguas de Valle de Tambo. Estuvimos en la
manifestación, nos quedamos apoyándolos al menos un rato. Nos contaron la lucha
que llevan a cabo (que data de cuatro años). Les contamos que en Argentina está
sucediendo algo similar pero con las plantaciones de soja. La ecuación es
sencilla: ganan las corporaciones, pierde (y muere) la gente. Saqueos que, a
pesar de los años, Latinoamérica sigue padeciendo. La imagen de lucha y fuerza
de las mujeres de Valle de Tambo quedó impregnada en nuestras cabezas, que
contrasta rotundamente con la vida de clausura a la que se “someten” las monjas
en los Monasterios.
Valle de Tambo RESISTE!!





No hay comentarios.:
Publicar un comentario